El agua apaga al fuego, y al ardor los años, amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño, y cada vez peor y cada vez mas rotos, y cada vez mas tu, y cada vez mas yo, sin rastro de nosotros...
Ni inocentes ni culpables, corazones que destroza el temporal, carnes de cañón, no soy yo ni tu ni nadie, son los dedos miserables que le dan cuerda a mi reloj. Y no hay lágrimas que valgan para volver a meternos en el coche donde aquella noche en pleno carnaval te empecé a desnudar.